Un equipo de investigadores liderado por George Olah, de la Australian National University (ANU), y con la colaboración de Pedro Bover Arbós, de la Universidad de Zaragoza (Unizar), ha analizado plumas coloridas recuperadas de un enterramiento de la cultura Ychsma (aproximadamente 1000-1470 d.C.) en el sitio arqueológico de Pachacamac, uno de los principales centros religiosos andinos en la costa peruana.
Las plumas, que aún conservan intensos tonos azules y verdes, proceden de cuatro especies de loros amazónicos: guacamayo escarlata (Ara macao), guacamayo rojo y verde (Ara chloropterus), guacamayo azul y amarillo (Ara ararauna) y amazona harinosa (Amazona farinosa). Estas aves habitan naturalmente en selvas tropicales a cientos de kilómetros al este de los Andes, en un rango de distribución de unos 150 km, por lo que su presencia en un desierto costero inhóspito indica claramente intervención humana.
La secuenciación de ADN antiguo permitió identificar las especies y confirmar una alta diversidad genética en los restos, compatible con un origen salvaje y no con aves criadas en cautividad. “Las evidencias genéticas permiten ver que había la suficiente diversidad genética en los restos de Pachacamac compatible con un origen salvaje de los guacamayos, en contraposición con otros casos estudiados donde se ha sugerido cría en cautividad con menor diversidad”, explica Pedro Bover Arbós a la agencia SINC.
Complementando el ADN, el análisis de isótopos estables en las plumas reveló una firma química distinta a la de aves modernas de la Amazonía: una dieta rica en maíz y posiblemente fertilizado con guano marino, típica de la costa peruana. Esto demuestra que los loros fueron transportados vivos y permanecieron en cautiverio el tiempo suficiente para mudar plumas y asimilar la nueva alimentación. “Las aves modernas de la selva tropical tenían una firma química que reflejaba una dieta silvestre propia de ese entorno. Sin embargo, las plumas antiguas encontradas en la tumba del desierto costero tenían una firma completamente diferente”, detalla Bover.
El modelado espacial del hábitat antiguo confirmó que el lado occidental de los Andes era inviable para estas especies tropicales, sensibles al frío y la aridez. Los investigadores reconstruyeron posibles rutas de traslado, incluyendo vías norteñas a lo largo de la costa y una ruta central más directa cruzando pasos andinos. Transportar aves inteligentes, ruidosas y agresivas como los guacamayos representaba un enorme desafío logístico: mantenerlas abrigadas, alimentadas y vivas durante semanas o meses en terrenos accidentados, con cambios drásticos de temperatura y altitud.
“Transportar guacamayos y loros amazónicos vivos es un gran desafío logístico. Se trata de aves tropicales muy inteligentes, ruidosas y agresivas, que no son aptas para climas fríos o secos”, subraya Bover Arbós. Sin embargo, los comerciantes preincaicos lograron sortear estos obstáculos mediante corredores geográficos óptimos y un conocimiento especializado.
Estos hallazgos cuestionan la idea tradicional de que las sociedades del Período Intermedio Tardío (preincaico) eran aisladas o fragmentadas. La cultura Ychsma, junto con otras como la Chimú, gestionaba redes de intercambio organizadas que unían la biodiversidad amazónica con los desiertos costeros, intercambiando bienes valiosos como plumas para rituales, tocados ceremoniales y entierros de élite.
El valor cultural de estas plumas era inmenso: simbolizaban estatus, poder y conexión con lo divino. El estudio también destaca la importancia de integrar múltiples enfoques —ADN antiguo, isótopos y modelización espacial— para reconstruir el rompecabezas completo de las redes comerciales ancestrales.





