El sarampión, una de las enfermedades más contagiosas del mundo, está resurgiendo en territorios donde había sido erradicado, según un preocupante informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En 2024, 59 países registraron brotes grandes o disruptivos, uno más que en 2023 y casi el triple que en 2021. Lo más alarmante es que un 25% de estos países habían sido declarados previamente libres de la enfermedad.
Kate O’Brien, directora del Departamento de Inmunización, Vacunas y Biológicos de la OMS, no ocultó su preocupación durante la presentación del informe Progreso hacia la eliminación del sarampión en todo el mundo, 2000-2024: “En gran parte del mundo, las alarmas están sonando”. “Cada caso, cada hospitalización, cada comunidad que lucha contra un brote es un recordatorio de lo que sucede cuando la vacunación disminuye y cuando los sistemas de salud no llegan a todos los niños”, afirmó.
El sarampión actúa como una “alarma de incendios” para los sistemas sanitarios, explicó O’Brien. Un país se considera libre de la enfermedad si no registra transmisión endémica durante al menos 12 meses. Cuando reaparece, revela lagunas en la cobertura vacunal, desigualdades en la atención y debilidades generales que podrían afectar a otras enfermedades prevenibles, como la difteria, la tos ferina o la poliomielitis.
Tras la pandemia de COVID-19, el mundo no ha recuperado los niveles previos de inmunización. En 2024 se estimaron 11 millones de casos, un 8% más que en 2019. El mayor incremento se produjo en la región del Mediterráneo Oriental (+86%), con países como Irak, Pakistán y Kazajistán especialmente afectados por conflictos y emergencias humanitarias que complican la vigilancia y la vacunación. Diana Chang Blanc, jefa de la Unidad del Programa Esencial de Inmunización de la OMS, señaló que la interrupción de servicios durante la pandemia ha dificultado la recuperación en esta zona.
En contraste, África subsahariana registró avances históricos: por primera vez, países como Cabo Verde, Mauricio y Seychelles fueron declarados libres de sarampión. La región africana redujo los casos en un 40% y las muertes en un 50%.
Pese al aumento de infecciones, las muertes por sarampión cayeron de 780.000 en 2000 a 95.000 en 2024, gracias a que muchos brotes recientes ocurrieron en países de ingresos altos –como en Europa, donde los casos subieron un 47%– con sistemas sanitarios capaces de manejar complicaciones graves.
La vacuna contra el sarampión es la que más vidas ha salvado en la historia infantil: más de 59 millones desde 2000. Sin embargo, su potencial no se explota al máximo. La cobertura de la primera dosis bajó del 86% en 2019 y al 84% en 2024, y la segunda apenas alcanza el 76%. Esto dejó a 20,6 millones de niños sin la primera dosis, tres cuartas partes de ellos en África o el Mediterráneo Oriental, muchos en entornos vulnerables o en conflicto.
Uno de cada cinco niños infectados termina hospitalizado, y las secuelas pueden ser graves: encefalitis, debilitamiento inmunológico prolongado que aumenta el riesgo de otras infecciones como neumonía o meningitis. Aunque la pandemia es la principal causa del estancamiento, la OMS reconoce el impacto de la desinformación. “Es más importante que nunca que los líderes comunitarios, religiosos, sociales y políticos comprendan bien la realidad de las vacunas y compartan información precisa y veraz sobre ellas”, insistió O’Brien.
El panorama para 2025 no es alentador. En noviembre, la región de las Américas perdió su certificado como zona libre de sarampión –un logro que había recuperado en 2024– debido a la transmisión sostenida en Canadá. Países como Estados Unidos y México registran grandes brotes con muertes asociadas, mientras que en Bolivia se declaró emergencia sanitaria y se suspendieron clases en algunas áreas.
Aun así, hay motivos para la esperanza: iniciativas como The Big Catch-Up, lanzada en 2023, han vacunado a 11 millones de niños para recuperar terreno perdido. Sin embargo, el informe advierte de “graves consecuencias” por los recortes en la ayuda internacional, especialmente el retiro sostenido del apoyo estadounidense, que debilitará programas de inmunización y respuestas a brotes.
