El Programa Formación de Espectadores funciona desde hace dos décadas en la ciudad de Buenos Aires y se trata de una iniciativa socioeducativa que entiende al acceso a la cultura como un derecho humano, y el acceso a la escuela como un espacio clave para garantizarlo.
El programa desarrolla estrategias de mediación cultural a través de funciones especiales, charlas con artistas y talleres en las escuelas. Lo que busca en definitiva es acercar propuestas de teatro, danza y cine del circuito independiente a estudiantes de escuelas medias públicas de gestión estatal.
Este proyecto comenzó cuando aún se sentían los coletazos de la crisis de 2001. “En ese momento había muchos proyectos educativos que tenían que ver con paliar un poco la situación de gravedad en la que se encontraban un montón de pibes”, señala Sonia Jaroslavsky, una de las impulsoras de la iniciativa junto a Ana Durán.
Tanto Ana como Sonia observaban que había muchos proyectos para el nivel primario, pero no para el nivel medio. “Estaban como abandonados, encima, porque las familias ya no están tan presentes en esta etapa”, reflexiona Jaroslavsky.
Con la oferta tan diversa de obras independientes que ofrece la ciudad, Ana y Sonia propusieron que, así como en las escuelas se hacía hincapié en lengua y matemáticas, también fueran parte esencial del aprendizaje el teatro, el cine, la danza, la música y todo lo relacionado al mundo del arte.
La iniciativa ha logrado sostenerse en el tiempo y entre 2005 y 2025, el programa realizó 1602 funciones de teatro, cine, danza y música, que convocaron a más de 76.000 estudiantes y 4900 docentes de escuelas públicas de la ciudad de Buenos Aires.
Según Jaroslavsky, “está hiperestudiado que el acceso a los espacios de cultura o a las producciones artísticas viene de la mano de la escuela o de la familia”. Por eso sugiere que ofrecer a los jóvenes esta experiencia les crea autonomía para elegir sus accesos a la cultura.
Además, resalta que no apuntan al concepto de consumo cultural: “Estamos paradas en un lugar distinto a la idea de cliente, de vender entradas. Nos posicionamos en un lugar pedagógico, de posibilitar la idea de ciudadanía cultural, no de cliente”.
Nelson Santacruz tiene 27 años, pero fue parte de la iniciativa en el año 2014, cuando estaba en el último año del colegio. Arranca contando que nació en Paraguay y que creció en la villa 21-24, un barrio popular en Barracas, zona sur de la ciudad de Buenos Aires.
Su madre quiso que asistiera a una escuela del centro. “Ella me decía que no quería mandarme a una escuela cerca del barrio por todo el estigma que pesaba y que ella también lo reproducía, porque cuando uno crece en ese contexto a veces replica cosas que no están buenas”, señala.
“Nos posicionamos en un lugar pedagógico, de posibilitar la idea de ciudadanía cultural”.
Sonia Jaroslavsky
Nelson fue al Normal Superior N.° 9 Domingo Faustino Sarmiento, ubicado sobre la avenida Callao, entre Corrientes y Lavalle, a ocho cuadras del Obelisco.
El colegio tenía tres orientaciones y él eligió seguir comunicación social. Vivía en un contexto difícil y eso lo impulsó a buscar otros refugios. “Yo siempre estuve en una situación de mucha violencia, entonces me anotaba en todo para estar fuera de mi casa y del barrio. Hacía inglés, computación, coro, me inscribí en un taller de mural”, menciona.
Un día, llegó a la escuela la propuesta de concurso para escribir una crítica de cine y se anotó, porque como siempre aprovechaba todas las oportunidades que podía. Recuerda que escribió sobre Gravity, película protagonizada por Sandra Bullock y George Clooney.
Fue seleccionado junto a jóvenes de otros colegios para cumplir el rol de periodista en el polo Circo. “Yo nunca había visto circo ni teatro, y de repente veía circo criollo, chileno, francés, de Brasil, y entrevistaba y escribía”, cuenta. Aprendió ese año a hacer un copete, a titular, a preguntar y a construir una crítica.
A Nelson esta experiencia lo marcó. Hoy es periodista y trabaja en el oficio desde los 19 años.
Verónica Caminos fue otra joven a la que el Programa de Formación de Espectadores le marcó su destino. Hoy es actriz, directora y profesora de teatro en escuelas públicas. Además, codirige el grupo de teatro comunitario llamado “Sin Telón”.
Fue al colegio Julio Cortázar y formó parte de la iniciativa en el año 2009. “Tengo recuerdos muy hermosos de haber ido al teatro y después tener charlas debate junto a mis compañeros y compañeras con los integrantes del elenco”, señala.
En su caso, si bien ya había ido al teatro con su padre y su madre, reconoce que sus compañeros nunca habían ido, y resalta la importancia que tuvo el programa para revalorizar el arte independiente en la ciudad de Buenos Aires.
Estaba en cuarto año cuando atravesó esta experiencia. Sobre todo, menciona una obra: “Me acuerdo cuando fui a ver Lote 77, de Marcelo Mininno, me voló la cabeza”. La historia versa sobre tres hombres que indagan en las tareas de la crianza, selección y clasificación del ganado bovino en lotes de venta. La pieza pone de manifiesto el vínculo de las tareas rurales ganaderas con la construcción de la masculinidad.
Por su parte, para Verónica, ser parte del programa no solo la llevó a trabajar en teatro, sino también a “entenderlo como una herramienta de transformación individual, colectiva y social”. En estos veinte años de vida, reivindica además su continuidad: “Es importantísimo, tiene que seguir en las escuelas porque acerca a los chicos a los capitales simbólicos que existen en nuestra ciudad”, concluye.
