Volver a ser

Representativo de una época y un estilo, en el célebre Edificio del Molino continúan las tareas de puesta en valor. Un gigante que poco a poco retoma su esplendor.

Fotos: Nicolás Pérez

Las ciudades cuentan historias. Son tamices donde conviven las prisas y los usos actuales con la arquitectura heredada. Algunos edificios, concebidos como obsequios a la comunidad y a la historia, son exponentes de su época, piezas de un museo al aire libre.

Los vaivenes económicos y las caídas en desgracia de sus propietarios dejan a estos edificios muchas veces a merced de la especulación inmobiliaria y el buen gusto de funcionarios y empresarios de turno. Por eso, es digno de celebrar cuando lo que se elige es su conservación y puesta en valor.

En 1916, en medio de las celebraciones por el centenario de la independencia del país, el pastelero Cayetano Brenna se dio el gusto de inaugurar un edificio que unificó dos locales y toda la esquina de las avenidas Callao y Rivadavia, muy cerca del Congreso de la Nación. Allí funcionaba, y no dejó de hacerlo ni siquiera mientras duraron las obras, la Confitería del Molino.

Incendios, tiroteos, destrozos, desidia. El edificio soportó de todo hasta que cerró sus puertas en 1997. Ese mismo año fue declarado Monumento Histórico Nacional, el paso inicial hacia una restauración que en el último tiempo avanzó notablemente.

Buceando en fotos antiguas, recopilando información de todas las fuentes posibles, los encargados de esta puesta en valor aplicaron toda la tecnología disponible para devolverle al edificio sus épocas de gloria. Junto a laboratorios especializados lograron recrear técnicas originales y reponer piezas, como los imponentes leones alados, luego de modelarlos en 3D con una técnica antes utilizada, por ejemplo, en la obra del antiguo edificio de correos que hoy es el Centro Cultural Kirchner.

La premisa es integrar aspectos perdidos sin falsear la realidad, para conservar este ejemplo representativo de un momento histórico. Cada época tiene sus íconos y la tarea que lleva el equipo de restauración e intervención es no perder ningún eslabón de la cadena histórica, para que la ciudad siga contando su historia a las próximas generaciones.

La imponente esquina de Callao y Rivadavia.
Su salón estilo francés fue utilizado en 1996 por Madonna como locación del video de Love Don’t Live Here Anymore.
Los trabajadores de la puesta en valor, en cada detalle.
Uno de los leones alados, recreados luego de ser modelados con una técnica en 3D.
Uno de los 40 vitrales del edificio. Hay en total 1215 paños de vitral.

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