Un nuevo trabajo científico liderado por investigadores del Centro de Neurociencias Cajal (CNC-CSIC), en colaboración con otros expertos, ha identificado un mecanismo celular hasta ahora poco explorado que explica por qué el consumo de cannabis durante la adolescencia puede generar problemas persistentes de memoria y aprendizaje.
La investigación, publicada en la revista Nature Communications, demuestra que los déficits cognitivos inducidos por el tetrahidrocannabinol (THC) —el principal componente psicoactivo del cannabis— dependen en gran medida de un pequeño grupo específico de células gliales llamadas astrocitos, en particular un «ensamble» o conjunto funcional de estos en el circuito que conecta el hipocampo ventral con el núcleo accumbens.
Tradicionalmente vistas como meras células de soporte para las neuronas, los astrocitos han ganado en los últimos años un rol protagónico en la regulación de la actividad cerebral. Estas células establecen una comunicación bidireccional con las neuronas, modulan la transmisión sináptica y pueden influir en procesos complejos como el aprendizaje y la memoria. En el cerebro humano, un solo astrocito puede llegar a contactar hasta dos millones de sinapsis.
El estudio muestra que la exposición crónica al THC durante la adolescencia —etapa de máxima reorganización cerebral y mayor vulnerabilidad— provoca una sobreactivación de estos astrocitos en regiones clave como el núcleo accumbens, parte del circuito de recompensa implicado en la motivación, el placer y el aprendizaje asociativo. Esta hiperactivación altera la comunicación entre el hipocampo (esencial para la memoria espacial y episódica) y el núcleo accumbens, lo que se traduce en déficits cognitivos observables.
En experimentos con modelos animales (ratones), los investigadores reprodujeron el consumo adolescente de THC y sometieron a los animales a pruebas de aprendizaje espacial. Los ratones expuestos mostraron un peor rendimiento, con más errores y menor capacidad de retención. Sin embargo, al manipular selectivamente la actividad de ese ensamble astroglial específico —mediante la técnica innovadora AstroLight, que convierte señales de calcio en expresión de proteínas para activar o inhibir con precisión esos grupos celulares—, se lograron resultados reveladores.
Reducir la actividad de esos astrocitos durante o tras la exposición al THC previno la aparición de los déficits cognitivos. Incluso, activar selectivamente ese mismo ensamble después del tratamiento permitió revertir parcialmente el deterioro en el aprendizaje espacial. Estos hallazgos establecen un rol causal directo de los astrocitos en los efectos negativos del THC sobre la cognición adolescente.
“Este estudio vuelve a situar a los astrocitos en el centro de la investigación y muestra que su papel es determinante para el funcionamiento del cerebro”, explican los autores. “En concreto, demostramos que la alteración de estas células es suficiente para provocar los déficits cognitivos que aparecen tras la exposición al tetrahidrocannabinol durante la adolescencia”.
La adolescencia representa una ventana de especial vulnerabilidad cerebral: regiones como el hipocampo y el núcleo accumbens aún maduran, mientras que el consumo de cannabis alcanza sus niveles más altos en países occidentales. Aunque los resultados provienen de modelos animales y no deben extrapolarse directamente a humanos, subrayan la necesidad de considerar el impacto diferenciado de los cannabinoides en etapas tempranas del desarrollo.
Los investigadores, entre ellos la doctora Cristina Martín-Monteagudo (líder del trabajo en el CNC-CSIC), destacan que estos descubrimientos abren nuevas perspectivas para intervenciones futuras más específicas. “Nuestros datos indican que manipular estos astrocitos cambia de forma directa cómo el cerebro responde al cannabis durante la adolescencia. Nos proporciona un mapa claro de qué células debemos estudiar para entender y mitigar los efectos de estas sustancias en edades vulnerables”, señala la investigadora.
